En un giro significativo para la trama social de la Quebrada de Humahuaca, el Club Unión Deportiva Maimará ha dado un paso de calado institucional. Con un arraigo que data de 1942, la entidad ha consagrado una nueva dirigencia.


La fórmula conformada por Daniel Flores (“Tatú”), asumiendo la presidencia, y Federico España (“Ico”) como vicepresidente, ha sido oficializada. Este recambio no es un mero formalismo; interpela la vitalidad de las organizaciones intermedias en el interior profundo de la Argentina. En un país donde la fragmentación y la lucha de facciones a menudo paraliza, la pieza comunicacional exalta valores de «fuerza, corazón y amor por el club» como los pilares de este «gran triunfo.»
Este lenguaje busca encolumnar a toda la comunidad detrás de un proyecto colectivo, relegando personalismos y priorizando el bienestar de la institución por encima de intereses mezquinos. El desafío para la nueva cúpula, que se define como “club, pasión y familia”, trasciende la gestión deportiva: se trata de administrar un capital social fundamental en tiempos de crisis. La búsqueda de unidad y crecimiento en una entidad con más de ocho décadas de historia es una señal federal de resistencia y renovación.



