En los despachos porteños, el equilibrio fiscal y la desregulación aduanera suelen exhibirse como metas irrenunciables. Sin embargo, a más de 1.500 kilómetros de la Casa Rosada, la traducción territorial de esas variables macroeconómicas adquiere un dramatismo palpable.
Félix Pérez, secretario de Desarrollo en Jujuy y ex intendente de Tilcara, encendió las alarmas con una definición tajante: “Milei abrió las fronteras y está destruyendo la economía regional”. Según advierte el funcionario —cuya cartera asiste a las economías familiares del interior provincial—, la combinación entre apertura indiscriminada y quita de programas de asistencia asfixia al pequeño productor. Sin crédito para infraestructura básica, como pozos de agua o forraje para animales, la competitividad se torna inviable.
“Hoy no les cierran los números”, sentencia.
El trasfondo no es meramente productivo, sino social y demográfico. Pérez alerta sobre el riesgo inminente de desarraigo: ver casas abandonadas en la Quebrada es el síntoma visible de una ruptura del tejido comunitario. Mientras tanto, cuestiona el silencio de parte de la dirigencia que evita el contacto territorial ante el reclamo ciudadano. Una tensión federal irresuelta donde la ortodoxia económica colisiona de lleno con la supervivencia del interior profundo.


