La noticia voló más rápido que la harina en el viento: Salta dice que en Chicoana hicieron «historia» con el carnaval más grande de su provincia. ¡Felicitaciones a los vecinos! Pero seamos sinceros: entre un «Festival con cartelera de primer nivel» y el Carnaval de Jujuy, hay la misma distancia que entre un té de manzanilla y un buen vino de piche.
Mientras en Salta la gente paga su entrada para mirar un escenario y aplaudir a grupos de cumbia desde lejos, en Jujuy el carnaval se camina, se transpira y, sobre todo, se vive en el patio de las casas.


¿Entrada en mano o invitación en la puerta?
La gran diferencia —esa que a los salteños les cuesta procesar— es que nuestro carnaval no es un «espectáculo» para ver sentados. Aquí, el escenario es la calle y el VIP es la casa de la familia que te abre la puerta porque «sos amigo de un primo».
«En Salta vas a ver un show; en Jujuy vas a ser el show. Allá el artista está arriba de las luces; acá el artista es el que te sirve la bebida.
Que Salta siga haciendo sus lindos festivales, con sus luces y sus parlantes gigantes. Nosotros nos quedamos con el «caos» hermoso de nuestras comparsas, los fortines y la generosidad de los vecinos que te abren el corazón (y la heladera).
Porque un show lo compra cualquiera, pero la mística de un patio tilcareño no tiene precio. ¡A seguir bailando, que el Diablo no sabe de vallas de seguridad!
¿Querés que le agregue una sección de «Consejos para el salteño que viene a Jujuy a conocer el verdadero carnaval»?





