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martes, febrero 24, 2026
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Jujuy, un ‘Infierno Grande’: Traición, Abuso y la Lucha por la Identidad

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La realidad del Noroeste Argentino, a menudo invisibilizada por la agenda centralista de Buenos Aires, emerge con una crudeza desgarradora en el testimonio de Sabrina, una joven cuya historia condensa las deudas más urgentes de nuestra sociedad: la vulnerabilidad de la juventud, la penetración del narcotráfico en el tejido social y la alarmante ineficacia de un sistema judicial que parece haber abandonado el concepto de «federalismo» para abrazar el de «impunidad regional».


El relato, situado cronológicamente en el contexto del Mundial 2010 en Jujuy, describe una emboscada moral y física. Sabrina, en un acto de lealtad hacia una amiga en situación de riesgo, termina siendo víctima de una entrega premeditada. Lo que se describe no es solo un hecho de violencia individual, sino un síntoma de un «infierno grande» donde las instituciones son permeables y el silencio es la moneda de cambio. La víctima relata cómo fue drogada y trasladada a un descampado para ser sometida, en una secuencia de flashes que evidencian el horror de la privación de la voluntad.

SABRINA G EN PROGRAMA CRONICAS DE MELMAC


Desde una perspectiva analítica, el caso expone la precariedad de los mecanismos de protección en las provincias del interior. La denuncia de Sabrina sobre la sistemática negativa de las autoridades a tomar su declaración —o la revocación de las mismas— pone de manifiesto una justicia de dos velocidades. Mientras en los despachos de la Capital se discuten reformas procesales abstractas, en Jujuy una madre debe luchar no solo contra el trauma del abuso, sino contra un sistema que aún le otorga derechos legales al victimario sobre la hija fruto de aquella violencia.


Este testimonio, recogido en el ciclo «Crónicas de Melmac», trasciende lo policial para convertirse en un hecho político. La «impunidad tremenda» mencionada en la entrevista no es casual; es el resultado de estructuras de poder local donde las familias de los acusados suelen tener una influencia que asfixia el debido proceso. La abuela del propio victimario, en un acto de honestidad brutal, lo confirmó al advertirle: «Saca a tu hija de acá porque mi familia está podrida».
En conclusión, el caso de Sabrina es un llamado de atención a la dirigencia nacional. No basta con declamar federalismo si no se garantiza el acceso a la justicia en cada rincón del país. La reconstrucción de la confianza institucional pasa, necesariamente, por escuchar estas voces que, desde el dolor y la resiliencia, exigen que el Estado deje de ser un espectador de la tragedia y se convierta en el garante de la ley.

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