La postal idílica de Tilcara, ese enclave que suele ser el orgullo turístico de Jujuy, oculta hoy una realidad que golpea de frente a su comunidad educativa. Detrás de los cerros de siete colores y la mística andina, la Escuela N° 7 «Domingo Faustino Sarmiento» se ha convertido en el síntoma de una patología recurrente en la Argentina profunda: la desidia estatal en la infraestructura básica.
Lo que comenzó como una serie de deficiencias aisladas ha escalado a una denuncia formal por parte de los padres y tutores, quienes describen un escenario que roza lo inhumano. Baños clausurados, techos que ceden ante las filtraciones y una instalación eléctrica que, lejos de proveer energía, representa una amenaza latente para los alumnos. Como diría un observador agudo de nuestra realidad política, el Estado suele estar presente en el discurso, pero se vuelve invisible en el mantenimiento de sus cimientos más elementales.
Para entender la gravedad del asunto, es necesario desglosar los ejes del conflicto:
Riesgo Sanitario y Edilicio: La falta de baños adecuados en una institución de jornada completa no solo vulnera el bienestar de los chicos, sino que expone a la comunidad a brotes de enfermedades.
Inacción Administrativa: A pesar de las reiteradas notas y pedidos de audiencia, la respuesta del Ministerio de Educación de la provincia ha sido, hasta el momento, un silencio burocrático que asfixia.
El Contraste Federal: Mientras en los centros urbanos el debate educativo gira en torno a la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, en la Quebrada de Humahuaca la lucha sigue siendo por techos que no se lluevan y cables que no electrocuten.
Reflexión final
¿Hasta cuándo puede sostenerse un sistema que exige resultados de excelencia académica mientras ignora las condiciones de habitabilidad de sus aulas? La crisis en Tilcara es una advertencia. No es solo un problema de ladrillos y cañerías; es una cuestión de prioridades políticas. La «urgencia» que manifiestan los padres es, en última instancia, el llamado de atención a una dirigencia que debe entender que el desarrollo del país empieza por asegurar que cada niño, sin importar cuán lejos esté de la Capital, pueda sentarse en un aula segura.



