En el corazón de la Quebrada de Humahuaca, una nueva controversia agita las calles empedradas de Tilcara. Lo que históricamente ha sido un estallido de color, identidad y jolgorio, hoy se topa con la frialdad de los decretos municipales. La pregunta que circula por los grupos de WhatsApp y las esquinas del pueblo es directa:


El conflicto: Identidad vs. Normativa
Simpatizantes y comisiones de comparsas han alzado la voz contra una ordenanza que, según denuncian, limita la participación de los disfrazados en el tradicional Topamiento de Comparsas. La queja es profunda: se acusa al municipio de tratar a los protagonistas del carnaval como «simples espectadores» y de amenazar con multas a quienes intentan mantener vivo el pasacalle tal como se conoce desde hace generaciones.
El argumento del pueblo: Los disfrazados son el alma de la fiesta; atraen al turismo y generan un círculo virtuoso que beneficia desde el kiosco hasta la vendedora de talco. «No es que no queramos cumplir, simplemente nos mostramos para que la gente externa conozca», afirman los vecinos ante lo que consideran una falta de respeto a su cultura.
El antecedente de la restricción: Si bien el municipio ha buscado en años anteriores regular aspectos como el uso de pintura —bajo el Decreto N°028/2023 para proteger edificios públicos—, la actual tensión por los disfrazados añade un capítulo más a la tirante relación entre las asociaciones carnestolendas y el poder político local.
Análisis periodístico:
Esta tensión no es nueva, pero sí se vuelve más crítica en un contexto donde el turismo es el motor económico de la región. ¿Es posible un punto medio? En Maimará, por ejemplo, se ha logrado coordinar la limpieza sin prohibir la esencia. En Tilcara, la pregunta queda flotando en el aire de la Puna: ¿Antes de la fecha del carnaval el diablo no puede bailar por la calle?



