En lo que constituye un hito para la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios en la Quebrada de Humahuaca, el Concejo Deliberante de Tilcara aprobó un histórico proyecto de ordenanza presentado por la Comunidad de Cueva del Inca. La iniciativa faculta formalmente a la comunidad para gestionar e imponer los nombres a las calles de su territorio socio-comunitario, un reclamo que arrastraba años de postergaciones y tensiones institucionales.


La sesión estuvo marcada por una profunda carga emotiva. Tras conocerse la votación afirmativa, los miembros de la comunidad se fundieron en abrazos y lágrimas tanto dentro del recinto legislativo como en las calles aledañas, portando banderas wiphala y carteles con la consigna: «Queremos los nombres de nuestras calles».


Un giro en la política habitacional y cultural
El trasfondo de esta medida excede lo estrictamente formal o catastral. Para los analistas del pulso social jujeño, la nomenclatura urbana representa una herramienta de soberanía pedagógica y simbólica. Históricamente, la imposición de nombres ajenos a las realidades locales ha sido leída como una extensión del proceso de asimilación cultural. Con esta ordenanza, la Comunidad de Cueva del Inca podrá plasmar su propia cartografía de la memoria, honrando a sus ancestros, su flora, su fauna y sus hitos históricos.
A nivel político, la aprobación refleja una flexibilización en los canales de diálogo del Concejo Deliberante de Tilcara, un municipio donde las disputas por el uso de la tierra y la autonomía de las comunidades indígenas suelen ocupar el centro de la agenda pública. Este paso legislativo es visto como un precedente fundamental para otras comunidades de la región de la Quebrada y la Puna que buscan mecanismos similares de reconocimiento.


«Es una verdadera historia la que hemos hecho hoy tras tantas luchas y persecuciones», concluyó Alfaro, remarcando que el desafío inmediato será la coordinación con los equipos técnicos municipales para la señalización de las arterias, en un proceso que promete transformar la fisonomía identitaria de Tilcara de cara al futuro.



